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Cierran escuelas de tiempo completo

Alguien desinformó al presidente López Obrador sobre la importancia de las escuelas de tiempo completo para combatir la desnutrición y reducir la brecha educativa de 3.6 millones de niños que se encuentran en la situación más desfavorecida.

Quizás quienes no se atreven a informarle son la maestra Delfina Gómez, todavía secretaria de Educación Pública; Rogelio Ramírez de la O, virtual secretario de Hacienda; o Sergio Gutiérrez Luna, perseguidor en los tribunales de los que piensan diferente?

El hecho es que la decisión de suspender el programa escolar de tiempo completo es una decisión contraria al discurso presidencial, la convicción y la voluntad de actuar en favor de los pobres.

Un informe del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición «Salvador Zubirán» (conocido por todos como Nutrición) elaborado con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), entre otros organismos gubernamentales, tras la evaluación del tiempo de finalización del programa escolar arroja datos que le ocultan al presidente y que deberían ser de ineludible importancia:

El 74,3% de las escuelas incluidas hasta ahora en el plan de estudios de tiempo completo se encuentran en regiones muy marginadas.

El 87,3 por ciento vive en zonas rurales y una de cada cinco son escuelas indígenas.

La edad promedio de los alumnos atendidos es de 9 años, la mitad son niñas y la otra mitad niños; El 36,9 por ciento tiene sobrepeso y obesidad, mientras que el 12 por ciento padece desnutrición crónica y el 11 está de baja.

Un dato de suma importancia: para el 65,8 por ciento de los beneficiarios del programa escolar de tiempo completo, la alimentación que se brinda en su escuela es la primera comida del día y la única comida balanceada.

Si aplicamos la regla de tres, operación matemática que suponemos está al alcance de los citados funcionarios, estamos hablando de que el Gobierno ha decidido suspender a dos millones trescientas tres mil niñas y niños de su primer comida del día y única comida nutricionalmente equilibrada.

El gobierno ha decidido excluir a dos millones noventa mil estudiantes con problemas de desnutrición de este programa que, por muy imperfecto que sea, tiene entre sus resultados el de contribuir a la reducción del abandono escolar prematuro; mejorar la capacidad de atención, la retención y el rendimiento académico; promover el crecimiento de los niños beneficiarios; promover hábitos saludables entre padres y alumnos; promover la agricultura local y, todo ello, con igual atención.

Esto es lo que la SEP ha decidido frenar. Lo que no sabemos es cómo le informó al presidente el candidato a gobernar el Estado de México.

Los datos proporcionados aquí no obedecen a las negras intenciones de los golpistas conservadores de las organizaciones creadas por opositores al tetrateísmo oficial, ni a la visión neoliberal de las organizaciones financiadas por agencias enemigas. Las mentes del estudio, Nutrición y UNICEF, recomendaron expandir el presupuesto federal para incluir más escuelas de tiempo completo; mantener los objetivos de mejorar el desarrollo cognitivo de los estudiantes y promover estilos de vida saludables; Promover convenios con pequeñas unidades productivas locales para contribuir al logro de la seguridad y soberanía alimentaria propuesta por AMLO en la campaña.

La fidelidad política incluye la difícil tarea de decirle la verdad al jefe, quien en el caso de AMLO está convencido de la importancia de la nutrición y los hábitos alimenticios, de poner primero a los pobres, de apoyar a los que menos tienen y de subir el listón del bienestar. ser -ser de los pueblos indígenas.

Reflexionemos e informemos al habitante de Palacio Nacional lo que implica la decisión de quitar el pan de la boca a los pobres, a los hambrientos, y excluirlos de la posibilidad de recuperar el rezago educativo acumulado por la pandemia.

Alentamos a los miembros de su gabinete a informar al presidente de manera objetiva, sin ocultarle información, para asumir el costo de ser honesto con él. Es mejor una reprimenda por su valiente honestidad que exponerlo a tomar decisiones que perjudiquen a las personas que lo eligieron y que, tarde o temprano, se verán defraudadas. AMLO les dijo a los mexicanos que no tiene derecho a defraudarnos. Sus empleados tienen el deber de ayudarle a cumplir su palabra.

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