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La pobreza los expulsa de la casa – «Nos tratan como animales». Campesinos migrantes de Guerrero están indignados en México

Al aceptar trabajar en uno de los campamentos, las familias están sujetas a reglas estrictas que, si se infringen, pueden costarles el despido.

Por Francesca Meza

Chilpancingo, 4 de abril (EFE).- El Pandemia de COVID-19 agravado el migración campesina del estado empobrecido de Guerrero en el centro y norte del país para trabajar como obrero manual, un fenómeno social que antes era estacional y ahora se ha vuelto casi permanente, dejando prácticamente comunidades rurales vacías región de.

En sus destinos, los trabajadores, en su mayoría indígenas, luchan cada vez más mientras intentan prosperar en regiones alejadas de su tierra natal.

Su situación no es mejor que en los campos de cosecha de sus ciudades, pero se ven obligados a viajar por falta de recursos económicos en las comunidades de Guerrero y apoyo federal, según las denuncias.

“Nos tratan como animales y no como personas valiosas”, dijo. ef un jornalero que ha preferido permanecer en el anonimato por motivos de seguridad.

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Al aceptar trabajar en uno de los campamentos, las familias están sujetas a reglas estrictas que, si se infringen, pueden costarles el despido. Foto: Corazón Oscuro.

Al aceptar trabajar en uno de los campamentos, las familias están sujetas a reglas estrictas que, si se infringen, pueden costarles el despido.

Y también tienen que pagar alrededor de 1.200 pesos (unos 60 dólares) o más por el transporte desde sus lugares de origen.

Por teléfono, el hombre de 53 años explicó que trabaja desde hace varios meses entre los estados de Sonora y Guanajuato.

También se quejó de que sus empleadores lo multaron con alrededor de 200 pesos (unos 10 dólares) si salía de los campos sin permiso, habiendo sido despedido sin motivo en algunos trabajos en los que laboraba durante casi cinco años.

Pero la culpa principal del hombre es de los gobiernos locales y estatales, así como de las organizaciones de derechos humanos, que afirman que no están «interesados» en su situación.

CIFRAS CRECIENTES

Según registros del Centro de Derechos Humanos Monte Tlachinollan y el Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña, previo al coronavirus, la temporada anual de exportación de mano de obra iba de septiembre a enero y contaba entre siete y ocho mil personas de todas las edades.

Para 2020, según sus cuentas, la cifra había ascendido a más de 15.000 indígenas que emigraron por trabajo.

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Se estima que el número de indígenas que abandonan la región podría ser mucho mayor, ya que no todos los agricultores informan haber abandonado la región. Foto: Juan José Estrada Serafín, Cuartoscuro.

Y la tendencia continuó, pues en 2021 fueron 14.732 los campesinos que salieron de la región de la Montagna di Guerrero, eminentemente indígena.

Solo en el primer trimestre de 2022 ya se realizan casi 1.200 migraciones.

El fenómeno migratorio en Guerrero afecta a familias enteras pues, además de hombres y mujeres adultos, en el período se registraron 5.835 menores de edad, desde infantes hasta 17 años.

Algunos de ellos, especialmente los adolescentes, terminan trabajando en el campo.

Se estima que el número de indígenas que abandonan la región podría ser mucho mayor, ya que no todos los agricultores informan haber abandonado la región.

En las declaraciones un efEl jefe del área de Migración del Centro de Derechos Humanos de Monte Tlachinollan, Paulino Rodríguez, consideró que hay una crisis migratoria evidente.

Sin embargo, dijo que la pandemia solo empeoró y mostró la falta de atención y el abandono que ha existido en las comunidades indígenas durante años y provocó el éxodo.

Argumentó que el impacto en las familias es global porque los menores que tienen que emigrar con sus padres pierden los estudios, porque cuando regresan muchas veces tienen que retomar las lecciones sin importar lo aprendido en el destino.

Durante la ausencia de los migrantes, los pueblos serranos se convierten prácticamente en fantasmas ya que solo quedan las autoridades y los ancianos.

Y el defensor de derechos humanos explicó que hay jornaleros que tratan de quedarse en otros estados casi todo el año -sobre todo en época seca- porque las comunidades sufren por la falta del servicio público de agua o, en ocasiones, de alumbrado.

Casi 1.200 personas ya han migrado solo en el primer trimestre de 2022 Foto: José I. Hernández, Cuartoscuro.

SALARIOS MUY BAJOS Y DIFICULTAD

En el campo, explicó la jornalera de 53 años, son quienes se hacen cargo de sus gastos médicos y alimentación.

Indicó que las jornadas pueden ser de hasta 10 horas, y cada uno gana en promedio 25 pesos ($1,2) por cada uno, aunque en algunos rubros les pagan más.

En otros casos, ganan por caja recolectada. Pero incluso en esto hay límites. En caso de exceder el límite máximo permitido, pueden ser sancionados con un día de vacaciones.

Los contratos son de tres a ocho meses. «Depende de cómo te comportes», dijo el hombre, temiendo represalias de sus jefes.

El jornalero dijo que en época de lluvias «sufren demasiado» porque aún con tormentas siguen cosechando sin parar, y si se pierden un día son castigados con otros dos.

“Incluso me dan ganas de llorar por la gente. Nos la pasamos lloviendo y trabajando y no hay descanso”, se quejó el hombre, antes de volver a pedir apoyo a las autoridades.

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