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Los investigadores descubren que un paciente de ELA con parálisis completa puede comunicarse a través de un implante

MADRID, 23 (PRENSA EUROPA)

Investigadores del Centro Wyss de Bioingeniería y Neuroingeniería, en colaboración con la Universidad de Tübingen (Alemania), lograron que una persona completamente paralizada, incapaz de hablar debido a una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) avanzada, se comunicara a través de un implante cerebral-computadora interfaz (BCI).

Los resultados muestran que la comunicación es posible con personas que se encuentran completamente aisladas debido a esta enfermedad neurodegenerativa progresiva en la que los pacientes pierden la capacidad de moverse y hablar. El estudio clínico, que ha acompañado al participante durante más de dos años, se publica en ‘Nature Communications’.

En todo el mundo, el número de personas con ELA va en aumento y se espera que más de 300.000 personas vivan con la enfermedad en 2040, muchas de las cuales llegarán a un estado en el que ya no será posible hablar. Con un mayor desarrollo, el método descrito en este estudio podría permitir que más personas con ELA avanzada mantengan la comunicación.

«Este estudio responde a una pregunta de larga data sobre si las personas con síndrome de bloqueo completo (CLIS, por sus siglas en inglés), que han perdido todo el control muscular voluntario, incluido el movimiento de los ojos o la boca, también pierden la capacidad del cerebro para generar órdenes de comunicación», explica el neurocientífico jefe. en el Centro Wyss de Ginebra, el Dr. Jonas Zimmermann.

La comunicación exitosa con BCI se ha demostrado previamente en personas paralizadas. Pero, que sepamos, el nuestro es el primer estudio en el que la comunicación la realiza alguien que ya no tiene movimiento voluntario residual y, por tanto, para quien el BCI es ahora el único medio de comunicación”, aseguró.

El participante del estudio es un hombre de unos treinta años a quien se le diagnosticó una forma de ELA que progresa rápidamente. Dos conjuntos de microelectrodos intracorticales se implantan quirúrgicamente en la corteza motora.

En concreto, se insertaron dos conjuntos de microelectrodos, cada uno de 3,2 milímetros de ancho, en la superficie de la corteza motora, la parte del cerebro responsable del movimiento. Cada matriz tiene 64 electrodos en forma de aguja que registran señales neuronales.

El participante, que vive en casa con su familia, aprendió a generar actividad cerebral probando diferentes movimientos. Estas señales cerebrales son captadas por los microelectrodos implantados y decodificadas por un modelo de aprendizaje automático en tiempo real. El modelo asigna el significado de ‘sí’ o ‘no’ a las señales.

Para revelar lo que el participante quiere comunicar, un programa de ortografía lee en voz alta las letras del alfabeto. Gracias al neurofeedback auditivo, el participante puede elegir «sí» o «no» para confirmar o rechazar la letra, formando eventualmente palabras y oraciones completas.

EL SISTEMA SE PUEDE UTILIZAR EN CASA

Este estudio también mostró que, con la participación de la familia o el cuidador, el sistema puede, en principio, utilizarse en el hogar. «Este es un paso importante para las personas que viven con ELA que reciben atención fuera del entorno hospitalario», dice George Kouvas, MBA, director de tecnología en Wyss Center Technology.

«Esta tecnología, que beneficia a un paciente y su familia en su entorno, es un excelente ejemplo de cómo los avances tecnológicos en el campo de la ICB se pueden traducir para crear un impacto directo», dijo.

Por lo tanto, el refinamiento futuro del sistema podría ser crítico para la población CLIS con ELA y algún día podría ayudar a otras personas que tienen dificultades de comunicación y movimiento.

El equipo también está trabajando en ‘Ability’, un dispositivo BCI implantable inalámbrico diseñado para conectarse de manera flexible a conjuntos de microelectrodos o redes de electrodos ECoG. Esto permitirá la detección y el procesamiento de señales de áreas muy específicas o más grandes del cerebro. Este enfoque podría permitir que el habla se decodifique directamente desde el cerebro durante el habla imaginada, lo que lleva a una comunicación más natural.

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