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politica y cosas peores

Ciudad de México.– En la habitación número 210 del popular Kamawa Motel se produjo el habitual encuentro erótico de la joven pareja. Le llamó mucho la atención que durante el acto exclamara una y otra vez con pasión: “¡El adverbio decía! ¡Adverbio que sirve para afirmar!”. Suspendió al aficionado que se balanceaba por un momento y preguntó, perplejo: «¿Por qué dices eso?» Ella explicó: “Soy profesora de español. Lo que quiero decir es: ‘¡Sí! ¡Sí!’”. Doña Panoplia de Altopedo, una dama de buena sociedad, fue a comprar un suéter. El dependiente le mostró uno. «No me importa el comportamiento sexual de las ovejas». Tres ancianos se reunieron en un banco del parque y comenzaron una conversación sobre su edad y estilo de vida. «Tengo 90 años», dijo el primero. Atribuyo mi longevidad al hecho de que Siempre he comido poco, siempre he bebido vino y siempre he dormido sola. También todas las mañanas hago gimnasia rítmica. Yo también soy vegetariana”. El segundo decía: “Me acerco a los 100 años. Esto se lo debo al hecho de que nunca he fumado, nunca he consumido alcohol ni he abusado de las relaciones con mujeres. Todos los días camino 3 kilómetros y soy vegano”. El tercero dijo: “Mi comportamiento fue diferente. Empecé a fumar cuando era adolescente y todavía lo hago hoy en día, un paquete al día. Siempre he bebido como un cosaco: todos los días bebo al menos media botella de tequila, whisky o ron. Nunca me acuesto antes de las 3 am, y hasta hace unos meses solía ir a una casa mala todas las noches y follar con dos mujeres cada vez. Nunca he hecho ejercicio de ningún tipo y mi dieta se basa en comida chatarra. “¡Extraordinario!- se maravillaron los otros dos mayores- ¿Y cuántos años tienes?” “22”. Doña Gelata no es buena para las cosas relacionadas con el sexo. En esto es indiferente, como algunos en cuestiones de religión, política o fútbol. En la noche su marido llegó a casa cuando ella ya estaba dormida. Ocurrió que el hombre estaba poseído por ciertos impulsos naturales, por lo que empujó a su mujer para que la despertara. «¿Qué quieres?», preguntó ella, abriendo los ojos adormilada. Don Soleto – así se llama el marido – respondió ella simple y llanamente: – quiero hacer el amor – se enfadó – ¿Y por qué me despiertas? – respondió exasperada – ¿No sabes dónde están las cosas? – preguntó el joven cliente el agente de viajes: «¿Cuál es el mejor momento para ir a París?» La agencia respondió: «Entre 25 y 35 años, y aún soltero». (Un anciano dijo evocadoramente: «Recuerdo mi primer viaje a París». Alguien preguntó: «¿Cuándo era París todavía París?» «No», aclaró el veterano. «Cuando todavía era yo».) Pepito le propuso Amigo Juanilito: «¿Quieres escuchar a mi abuela comportarse como un lobo?» «Ojalá» – el niño se interesó. Los dos fueron con la anciana y Pepito le preguntó: «Abuela, ¿cuándo fue la última vez que mi abuelo te hizo el amor?» La anciana respondió: «¡Uuuuuuuuuuu!». El oso polar se volvió hacia su madre: «Mamá: ¿qué tipo de oso soy?» respondió mamá oso. «Eres un oso polar». «¿No soy un oso pardo?» «No». «¿No soy un oso panda?» «No». «¿No soy un oso hormiguero?» «No». El oso polar no quedó satisfecho con las respuestas de su madre. Insistió: «¿Estás seguro de que soy un oso polar?» «Sí», confirmó el oso. Estoy absolutamente seguro: eres un oso polar. ¿Por qué lo dudas?» El osito respondió temblando y diente con diente: «Porque siempre tengo un puto resfriado». FIN.

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